Es cierto, las imágenes de Shanghai de rascacielos, torres futurísticas, autos de lujo de marcas europeas, edificios históricos art-deco, maisons francesas distan notablemente de las imágenes que están construidas en el imaginario que casi toda la gente tiene sobre China, la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, el templo Shaolín cuna del Kung Fu, los techos de infinitas pagodas recortándose contra el cielo, imágenes de una cultura milenaria, de grandes imperios y guerreros de honor; o bien sino una imágen más cercana, la de Mao, el Comunismo, los monoblocks sórdidos, el anti-imperialismo.
Y es cierto, de ambos escenarios Shanghai no tiene absolutamente nada, sería hasta la antítesis de ellos. Donde en China hay pagodas aquí hay rascacielos, donde hay monoblocks aquí hay shoppings de lujo, donde hay casas de techos de tejas de la China rural, aquí hay maisons francesas, donde hay templos de dinastías milenarias, aquí hay edificios art-deco, donde hay tradicionales casas de Té acá hay Mc Donald's y KFC's y por encima de todo, si algo queda de comunismo en algún rincón de China, esta ciudad bien la llamaría el colmo del capitalismo, el consumo y la ostentación.
Lo cierto es que si bien Shanghai es especial por su historia particular dentro de la historia de China, esta ciudad, que ya me gusta más definir como una "gran obra en construcción" es una parte, aunque aún bastante pequeña, de la nueva China la de este siglo, la que barrie día a día con el pasado chino. Shanghai es diferente al resto pero es definitivamente China.
Pero no muy lejos de aquí se puede descubrir inmediatamente lo que todos imaginamos como China. En un país de 1.400.000.000 (qué numerito) de habitantes donde aún persiste un 50% de población rural no puede estar muy lejos. A sólo 40 minutos de auto fuera de la ciudad, se puede retroceder varias décadas y quizás hasta un siglo. Grandes comunidades varadas en el tiempo aún perviven hacia los lados de las nuevas autopistas de alta velocidad que vinculan los grandes polos industriales y financieros del Este de China. En ellas uno puede perderse, como habiendo retrocedido en tiempo y espacio. Conforman microclimas dentro de esta suerte de vorágine de crecimiento "non-stop" que se vive en el país. En estos pintorescos y precarios poblados, la gente es tranquila y sólo sonríe, el paso a menos de una hora de Shanghai, se reduce al de la velocidad de campos sembrados y arados con las manos por viejitos de surcos profundos en la piel, unos pocos dientes y espaldas curvadas. En un paisaje chato de casitas de material sorteadas entre bosques de flores y canales atravesados por milenarios puentes de piedra que aún sobreviven se esparcen estas comunidades y es hermoso recurrir a ellas para sumergirse en China, claro, la China que uno imaginaba y escarparse a este frenético y caótico paso de nunca parar de construir y de hacer negocios a toda costa.
Los dejo con las imágenes de hermosos rostros de China.