lunes, 10 de enero de 2011

Feliz año nuevo para algunos


Hong Kong es mi metrópolis favorita del mundo y a lo largo de la última docena de años he ido una y otra vez por diferentes motivos y nunca deja de cautivarme con su vorágine característica, sus fuertes contrastes sociales, sus luces de neón, su ultra-comprimido espacio construido hasta el último milímetro posible, donde hasta a un alfiler le resulta difícil encontrar su propio espacio. La jungla de rascacielos habitacionales surge por doquier entre dramáticos escenarios de montañas verdes y bahías azules, y como colmenares se elevan hasta el cielo para ubicar los más reducidos y onerosos espacios habitables del mundo, mientras que debajo de ellos se combina un espacio repartido entre la asfixia de los edificios del pasado, donde una persona o pareja puede vivir y trabajar toda su vida en jaulas de 16 m2 sin ventanas sino rejillas; el sinfín de un continuo comercial y culinario que parece nunca acabar; y la constante aparición de las exclusivas marcas de lujo del mundo cuya repetición hasta el hartazgo hace desconfiar de dicha exclusividad. El espacio sobrante entre todos ellos son las estrechas arterias por donde circula la sangre de la ciudad, las millones de personas de todos los orígenes, que como glóbulos rojos fluyen incesantes, continua y ordenadamente brindándole una vida y una energía que por momentos resultan agobiantes. Todos los orígenes parecen converger en Hong Kong por diferentes motivos. Su calidad de principal centro financiero mundial y su origen portuario y logístico atrae a gente de todo el planeta, desde los anglosajones y europeos más snobs hasta las más pobres prostitutas africanas pasando por indios, pakistaníes, bengalíes vendedores de trajes y una enorme población de filipinos e indonesios que sirven de perfecta mano de obra barata para las centenas de hoteles, restaurantes y residencias de lujo.

i-zombies en el MTR
Este año para escaparle al tristísimo año nuevo occidental en China (como anteriormente he contado aquí ) fue a Hong Kong donde me fuí a recibir el 2011, ya que allí debido a su naturaleza vibrante y los resabios occidentales impulsados por su pasada colonia inglesa habría, voy a decirlo simplemente, algo más de fiesta y fuegos artificiales. El clima previo y durante el año nuevo era el habitual de Hong Kong pero potenciado al triple. Un mes antes del evento, el alojamiento ya se encontraba casi reservado en su totalidad, lo que a la ya alta densidad poblacional se le sumaron unos cuantos cientos de miles de turistas de todo el mundo.
                                              
  En esta pasada, gracias a la exaltación del momento y a las cualidades del lugar se revelaron ante mí más claramente las conductas que se desarrollan en una sociedad principalmente basada en el consumo (al extremo) y que nunca jamás parece detenerse para descansar, y fue ahí cuando descubrí lo que se me ocurrió llamar “Los i-zombies”. Hace ya más
de una década que al genio del marketing Steve Jobs se le ocurrió ponerle una “i” de prefijo al nombre de cualquier producto de la empresa Apple que él fundó. Tremenda genialidad le siguió. La imac, el ipod, el iphone, el ipad y quién sabe cuántos más vendrán en el futuro. Todos productos tan “cool” y por demás exitosos que hasta se ha vuelto hábito usar la “i” como prefijo para nombrar a las cosas con el fin de estar al tono de los tiempos. Estos productos, junto a otros, cuya excelencia y practicidad está fuera de la discusión, parecen haber trascendido su papel de prácticas herramientas para haberse transformado en objetos que generan profunda dependencia y promueven el perfecto aislamiento de la gente que nos rodea diariamente. Y, si bien esta es claramente una tendencia mundial y no de algún país en particular, es en Hong Kong donde debido a sus cualidades, uno puede entender la magnitud del fenómeno debido a su altísima densidad y al alto poder adquisitivo general.


El iphone 4, hace muy poco salido al mercado cuesta entre 600 y 1000 usd (sin plan), en Hong Kong casi todos parecen tener uno y cuando digo casi todos no exagero, resulta increíble que ya casi todos tengan uno nuevo o hayan reemplazado al anterior. El iphone 3 ya era de por sí una herramienta maravillosa con todas las utilidades que uno puede realmente necesitar, sin embargo, en el término de un par de meses todos parecen haberlo hecho obsoleto y dejarlo “fuera de moda” y haberse pasado casi en su totalidad a la cuarta versión del mismo.
El ipad sí que es el verdadero y nuevo furor, y se ve a la gente por todas partes haciendo algo con dichas tabletas, que cuestan también entre 550 y 850 usd. Luego están los ipods en todas sus formas y detrás las PSP de Sony.

i-zombies
Lo cierto es que el uso de los mismos parece exceder lo pragmático y lindar lo enfermizo, es decir, en Hong Kong la gente es tan ordenada que puede caminar de vuelta a su casa, usando el el metro, sin casi tener que quitar su mirada de las pantallitas que tanto lo atrapan, quiero decir, se ven decenas de personas que no miran adelante al caminar porque van chateando o mirando internet o jugando. Lo mismo se ve en restaurants, dónde me he sentado en mesas compartidas (como es habitual en los pequeños restaurantes hongkoneses) donde la gente, con una mano sostiene los palillos para comer y con la otra maneja el iphone o el ipad mientras come. Absorbidos completamente en aquél virtual mundo paralelo, los i-zombies parecen relacionarse sólo a través del mismo e ignorar completamente el universo relacional real que se puede establecer con los seres humanos que los rodean. En la calle, en el metro, en los restaurants cada vez son más las personas que se aíslan de los demás sumergiéndose en estos aparatos electrónicos y no comparten una charla en la vuelta a casa, no disfrutan el sabor de la comida, no aprecian los árboles y el color cielo al caminar por las calles, y de lectura ni hablemos porque en vez de leer un buen libro es preferible usar el ipad y el iphone para seguir prendido a Facebook, ese nefasto invento de manipulación y adormecimiento social, el mayor tiempo posible o seguir jugando a la PSP o seguir chateando.

 

    Un profesor de historia que tuve en la secundaria, muy autoritario y no necesariamente agradable solía mirarnos seriamente de manera intimidadora, y en voz grave decirnos a todos en tono de acusación: “Uds. Son todos hijos del chupete electrónico”, refiriéndose a que pasábamos mucho más tiempo viendo la TV, que leyendo. Creo que hoy, con todos estos dispositivos eso es más válido que nunca porque los mismos parecen ser verdaderos chupetes hacia los cuales los niños, en este caso los usuarios, parecen desarrollar una completa dependencia.



Es triste ver que las cosas más valiosas, como relacionarnos con la gente que nos rodea de manera casual se va perdiendo poco a poco en las grandes ciudades y la gente se va volviendo cada vez más desamorada, más autista y menos dispuesta a compartir las cosas más esenciales que nos acercan a los prójimos de manera real en el día a día.
  Pero el principal shock de estos días no fueron los maravillosos fuegos artificiales del 1ro de enero del 2011 a las 00.00hs, que bañaron de colores la magnífica bahía de Hong Kong ante millares de ávidos espectadores que la hacían desbordar de vida. Lo más impactante fue el consumo llevado al extremo en cantidad y calidad. El 1ro de enero de 2011 por las calles no se podía caminar y las bolsas de la gente chocaban entre sí por doquier, pero hete aquí no bolsas de objetos vulgares o promedio, bolsas con nombre. Ese mismo día, los lujosos locales de Louis Vuitton en Kowloon tenían en su puerta, al menos una cuadra de cola para entrar, al menos media hora de espera y dos guardias regulando el acceso. Channel, Salvatore Ferragamo, Hermes, Armani y los demás, tenían cada uno no menos de media cuadra de cola. Los negocios de cremas, maquillajes y perfumes de Dior, Clinique, Shisheido, Esteé Lauder, etc desbordados de mujeres y vendedoras estresadas. Un eterno “click caja” acompañaba los sonidos del día. Un escenario que a mí, luego de más de 20 veces en la ciudad a lo largo de 12 años, me dejó con la boca abierta y con una sensación amarga y difícil de digerir.




  El 4 de enero volví a mi trabajo y en internet chequeé los habituales sitios de fotografía que suelo visitar asiduamente con el fin de nutrir mi conocimiento y encontré entre el especial de imágenes del 31 de diciembre alrededor del mundo, una serie de imágenes de Sudán de las cuales extraje esta para acompañar este texto. En ella pueden ver una fila de mujeres sudanesas haciendo cola para recibir una porción de comida en beneficencia racionada por ONG locales para evitar las hambrunas.


Al cruzar estas imágenes en mi cabeza, las imágenes frescas del consumo empalagoso de algunos visto en Hong Kong apenas horas atrás y las imágenes de nuestros congéneres en Sudán el mismo día del año, quedé invadido por una profunda sensación de incomodidad y desasosiego. En un lado del mundo, gente basando su felicidad entera en la acumulación de objetos, en un mundo donde no se mira adelante al caminar, no se disfruta el sabor de la comida ni la compañía de nuestros prójimos. Al otro lado, en el mismo espacio de tiempo, gente resignada a hacer cola por una magra ración de comida para retrasar lo más posible el avance de un hambre inminente y acechante. ¿Cuánto más lejos podemos llegar en el camino hacia autodestruirnos de esta forma, me pregunto?
Los imponentes rascacielos acristalados de la bahía que alcanzan los cielos en el lugar más inimaginable de este centro financiero del mundo, no sólo representan las maravillas de los alcances del hombre sino también sus peores fracasos, cristales que reflejan la prosperidad de una economía sangrienta que divide al mundo y lo llena de las peores injusticias y desigualdades sociales.
¿Feliz año Nuevo?

6 comentarios:

Marcelo Orihuela dijo...

Lo bueno de la fotografia es que habla por si sola, la parejita china, parados a 20 cms uno del otro y cad uno metido en su "device", que buen moemnto para verle los ojos a ella o para clavarle un pico, ja ja.
Una tristeza la sociedad autista en la que vivimos.
Respecto del facebook, creo que es una herramienta, a mi me conecta con mi alumnos en la Univ., me reencontre con algunas amistades olvidadas, me sirve para difundir mi trabajo...
En resumen me gustan tus fotos, hablan por si solas, segui sacando fotos, segui hablando, segui escribiendo, segui escalando montañas. Abrazo.

widia dijo...

es siempre interesante ver el otro extremo del mundo desde la visión contraria. aprendemos a ver y a mirar, a comprobar que todo es relativo, que la realidad y lo normal es relativo. un placer descubrirte.

Nico dijo...

Gracias Marce. Sobre Facebook,estoy de acuerdo y creo que entra en la misma categoría que lo de los "devices". Es uno el qeu tiene que tener control sobre la herramienta y no a la inversa. El debate sobre facebook de todas maneras da para largo y nada tiene que ver con este blog pero sólo quería responderte que sí, como pura herramienta y bien focalizado su uso, es posible que tenga su utilidad, pero la realidad es que es usado mayormente como otra cosa y ahí va la polémica :)

Anónimo dijo...

Es algo de no creer que a pesar de estar en el siglo XXI, las injusticias sigan existiendo de una manera tan atroz. El hombre vive en su soledad, en su egocentrismo, siempre aislado. Cuanto tardaremos en darnos cuenta que la unica forma de ser felices es siendo todos uno?

Juan dijo...

muy bueno el post Nico... lo leí en en mi iPhone mientras iba en el bondi... :)

Nico dijo...

jajajaj i-zombie i-zombie !!!